Otegi amenazado: Gixajua 2.0
El brazo armado del MLNV , todas las “ETA” en disciplinada coreografía no se limitó a amenazar: convirtió la amenaza en sistema.
Casi 900 asesinados, mujeres y niños incluidos; secuestros normalizados por reiteración; extorsión elevada a método; y la célebre “socialización del sufrimiento”… aplicada con eficacia casi administrativa durante medio siglo a todo el pueblo vasco.
Amenazas cumplidas, ejecutadas con una frialdad metódica y una estrategia que no dejaba margen a la improvisación.
Y ahora, en este giro que roza la justicia poética , el líder de la actual marca del MLNV, EH Bildu, se declara amenazado… no por una carta bomba ni por un comando, sino por unos correos electrónicos. Dantesco, sí, pero sobre todo por el contraste.
Más allá de lo repugnante , que lo es , de amenazar de muerte a cualquiera, sería incluso pedagógico que Arnaldo detallara qué se siente al saberse objetivamente amenazado: el recorrido íntimo del miedo, sus efectos, sus consecuencias futuras. Una descripción minuciosa que, quién sabe, podría arrojar luz sobre experiencias que durante décadas fueron patrimonio involuntario de tantos otros.
Aunque, claro, tampoco estaría de más recordar la curiosa frecuencia histórica de estas “supuestas” amenazas en determinados perfiles políticos, siempre dentro de una misma y reconocible corriente global: Cristina Fernández de Kirchner, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Gustavo Petro, Pablo Iglesias… y demás constelación de liderazgos intensamente queridos por sí mismos.
Debe de ser que los viejos maestros del “incidente conveniente” del Maine al Golfo de Tonkin han actualizado el manual: ahora basta con un correo inquietante para construir el relato.
Mientras tanto, la realidad es que existe una investigación judicial abierta por esas amenazas recibidas por Arnaldo Otegi, remitidas en forma de email y denunciadas ante la Ertzaintza . Nada explosivo, salvo quizá el contexto.
¿Otro cabestrillo de oportunidad? ¿Nos espera una particular “Semana Santa” de introspección sobre su continuidad?
El clímax, en cualquier caso, está servido: un poco de “No a la guerra”… siempre que quede geográficamente conveniente ; una dosis medida de victimismo; y, si el resto decide no comparecer , o continuar imitando a Mariano Ozores , mirando al techo, el asalto simbólico a Ajuria Enea podría terminar librándose sin oposición, casi por incomparecencia.
Otegi es el ejemplo palmario de la larga marcha de la socialización del sufrimiento al Gixajismo digital
Jon de Urbia