MEMORIA , IDENTIDAD Y COHERENCIA : II REPUBLICA DESDE UNA VISION JELTZALE
En la política, no todo se reduce a estar o no estar. A veces, la cuestión más importante es desde dónde se está.
Recientemente en Eibar (el pasado 14 de abril) se celebraron actos con motivo de la proclamación de la Segunda República a los que no asistió EAJ-PNV. Al respecto hago una reflexión sobre qué marco se asume, qué relato se refuerza y sobre todo, qué identidad se proyecta ante el pueblo. Esa es la cuestión que me surge como jeltzale ante los actos vinculados a la Segunda República Española en Eibar.
No tengo ningún problema en reconocer el valor histórico y simbólico que la República tiene para muchas personas de nuestra ciudad armera. Forma parte de una memoria histórica arraigada, con un significado político y un apego emocional evidente; y esto, se merece todo nuestro respeto. Pero respetar no implica necesariamente compartir. Y ahí es donde me surge una duda: ¿hasta qué punto ese marco forma parte de nuestra identidad política?
El partido nacionalista vasco no nace del republicanismo español; es más, ni se desarrolla ni se define a partir de él. Su trayectoria responde a una tradición propia, basada en la afirmación de Euskadi como nación y en la defensa de sus derechos históricos. Es cierto que durante la República EAJ-PNV fue un actor relevante, y que en ese contexto se produjeron avances importantes. Pero reconocer ese papel no obliga a convertir ese periodo en el pilar fundamental de lo que somos.
Conviene recordar que, si hay un momento en el que se define políticamente al nacionalismo vasco en aquel tiempo, no es 1931, sino 1936: la creación del primer Gobierno Vasco bajo el liderazgo de José Antonio Aguirre. Ahí sí se materializó un proyecto propio, con instituciones propias y con una dirección política reconocible. Ese es el punto de referencia que conecta de forma más directa con nuestra identidad política.
El riesgo de participar en actos basados en la República no está tanto en el gesto como en el marco simbólico que se refuerza. Porque en ese relato, el sujeto político principal es España y Euskadi aparece en una posición subordinada o derivada de este país. Para una formación cuya razón de ser es precisamente afirmar un sujeto político propio, esa posición puede generar incomodidad o al menos, confusión.
Eibar tiene su memoria, es legítima y ha de ser respetada. Pero EAJ-PNV tiene la suya. No tienen por qué ser coincidentes, no pasa nada por reconocerlo con naturalidad. La política no exige de semejanzas simbólicas, sino claridad en las posiciones. Se puede respetar una memoria sin asumirla como propia. Se puede reconocer el papel de otros sin disolver el propio.
Además, conviene recordar que el antifranquismo de EAJ-PNV no necesita apoyarse en otros marcos para legitimarse. Se construyó desde sus propias instituciones, desde el Gobierno Vasco y desde una idea nacional propia. Figuras como Manuel Irujo son el mejor de los ejemplos: su paso por los gobiernos republicanos estuvo marcado por la defensa de los derechos fundamentales y por una exigencia ética que, en determinados momentos, le llevó a distanciarse de prácticas que consideraba inaceptables. Como paradoja, los representantes nacionalistas democráticos vascos respetaron y legitimaron en todo momento la república y no fueron partícipes en los episodios más convulsos de la política española de la época.
Incluso en episodios agitados como la Revolución de 1934, donde sectores relevantes del socialismo y del movimiento obrero protagonizaron una ruptura con el propio gobierno republicano, los jeltzales mantuvieron una posición propia, ajena a esa dinámica insurreccional. Esa trayectoria particular no es un detalle menor: es parte de una identidad política construida desde la coherencia y la singularidad.
El pueblo espera claridad. Sabe que EAJ-PNV no es un partido republicano español, sino un partido nacionalista vasco. Por eso, determinadas presencias pueden generar más confusión que reconocimiento, más ruido que aportación. No todo lo que suma visibilidad suma también identidad.
En resumidas cuentas, nada de esto implica negar la historia ni deslegitimar otras tradiciones políticas. Al contrario: se trata precisamente de respetarlas sin apropiarlas. De reconocer su lugar sin ocuparlo. Porque en política, como en la vida, la coherencia no siempre pasa por estar en todos los sitios, sino por saber bien en cuáles tiene sentido estar. Y todo, basado en el respeto a lo ajeno y a los valores democráticos.
EAJ-PNV es un partido de 130 años de historia, basada en una identidad política clara y diferenciada. Porque un partido no se define por todos los sitios a los que va, sino por aquellos en los que decide quedarse. Y cuando esa decisión es clara, cuando la identidad no se debilita y el rumbo no se negocia, es cuando se genera confianza real.
Hoy más que nunca, necesitamos claridad, coherencia y convicción. No para enfrentarnos a nadie, sino para ser fieles de dónde partimos, lo que somos y lo que representamos. Porque un pueblo que tiene claro quién es, no necesita prestadas las historias de otros para avanzar. Es el momento de estar donde tiene sentido estar. De hablar con criterio propio. De reforzar, sin complejos, aquello que nos define, un partido nacionalista vasco democrático que lucha y luchará por la libertad vasca, la justicia social, la cultura y las tradiciones vascas, por defender el euskera y por crear una nación fuerte y solvente, por el buen devenir de Euskadi. Desde la coherencia se construye el futuro. Katea ez da eten.
Ander Rementeria