POLITICA DE MEME Y CARTON PIEDRA
La penúltima “crisis” entre los socios del Gobierno Vasco, el Gobierno de Nafarroa y ese autodenominado “grupo progresista de investidura” en Madrid, deja una sensación difícil de ignorar: la de asistir a una representación burda, a una farsa de guion previsible y ejecución mediocre.
Quienes llevamos tiempo observando la política y más aún quienes se reivindican como humanistas jeltzales , hemos desarrollado cierto instinto para detectar cuándo la banalidad coloniza por completo la agenda pública. Y lo cierto es que ese momento ya no es puntual: es estructural. La infantilización de la sociedad avanza sin disimulo, reduciendo el debate político a consignas simplonas lanzadas a golpe de meme, tal y como ya describió Chomsky en sus teorías sobre el control social. Nada nuevo, pero cada vez más descarado.
Este último episodio, superficial hasta lo grotesco, resulta enteramente impostado: todo suena a guion, todo parece ensayado, todo busca la reacción fácil de hooligans sin formación ni criterio. No hay profundidad, no hay análisis, no hay responsabilidad. Solo ruido.
Y mientras tanto, el contexto real es el que es. Un gobierno liderado por un partido que perdió las elecciones del 23J, que sobrevive sin presupuestos desde antes incluso de que existiera ChatGPT, y que continúa impertérrito sin depurar responsabilidades tras accidentes ferroviarios que han dejado decenas de muertos. Un gobierno que encadena ineficiencias hasta sumir en el abandono a regiones enteras, como ocurrió en Valencia con la DANA o en Castilla y León con los incendios.
Un ejecutivo incapaz de explicar apagones, ni sus causas ni sus consecuencias. Un país lanzado en una preocupante carrera hacia los tres millones de parados, con especial incidencia en los jóvenes. Un modelo que parece fomentar o al menos tolerar con sospechosa comodidad , una inmigración descontrolada dentro de un programa de regularización más descontrolado aún .
Todo ello, en paralelo a un problema de acceso a la vivienda sin precedentes recientes entre las clases populares. Y con un historial legislativo difícil de defender: leyes como la Trans o la del “solo sí es sí”, cuyas consecuencias han sido especialmente lesivas para mujeres y jóvenes, convierten al propio gobierno en autor y colaborador necesario de sus efectos.
Y por si fuera poco, en apenas mes y medio llegarán las sentencias de los casos Ábalos, Koldo y toda la trama asociada, con indicios más que serios de financiación ilegal del PSOE. Pero, aparentemente, esto no merece la categoría de crisis.
¿De verdad alguien , quizá al estilo de Gila , no debería recordar el principio de coherencia con la posición adoptada en 2018? Porque lo que ahora se plantea como casus belli roza lo esperpéntico: ¿de verdad el detonante es que se hayan reído de Aitor Esteban?
¿Eso es grave… y todo lo demás no?
¿La protesta consiste en contener la respiración como en un cómic de Astérix y Obélix, esperando que alguien se impresione? El nivel es ese.
Y luego está la puesta en escena. La portavoz en el Congreso: intervención leída en cartulinas, como si se tratara de una presentadora de televisión sin margen para la improvisación. Ni rastro de oratoria, ni de convicción, ni de liderazgo. En momentos que exigen riesgo político, se opta por el refugio del discurso plano, leído, inerte. Un mensaje que no transmite absolutamente nada.
Si uno repasa los “logros” de los socios y ex socio , de este Gobierno socio-comunista, el balance es revelador: Junts obtuvo su amnistía; Bildu, su “guk berreraun ditugu”; y el PNV… el PNV parece haber conseguido, como mucho, una hernia de hiato provocada por las carcajadas que despierta en las bancadas del Parlamento español.
La pregunta es inevitable: ¿para cuándo una política de hechos y no de memes?
¿Para cuándo un golpe encima de la mesa que recupere la esencia del nacionalismo histórico jeltzale, en lugar de esta deriva acomplejada y reactiva?
Porque el contexto no es menor. Resumiendo sin rodeos: España ha cambiado de bando. Hoy se alinea con un eje que muchos considerarían impensable hace años, impulsado por una anomalía democrática en Europa , que gobierna en Madrid. Y ante eso, se plantea como única salida la derogación de este régimen socio-comunista de tintes bolivarianos, para lo cual , según algunos , toda ayuda exterior sería poca.
Y, sin embargo, en medio de este escenario, a más de un “faraón” de la política vasca parece preocuparle únicamente que le hagan caricaturas.
Quizá, visto lo visto, no sea del todo injustificado.
JON DE URBIA