" KRUTWIG ESE HOMBRE". Notas sobre la extraña fascinación por quienes quisieron destruir al PNV. Publicado en * FORO LARRAZABAL *


Algo  curioso ocurre en la Fundación Sabino Arana cuando decide conmemorar con entusiasmo la efeméride del nacimiento de Federico Krutwig.
Extraño, muy extraño.
Solo caben dos explicaciones posibles. O bien los responsables intelectuales de la fundación jamás leyeron una sola página de Vasconia, o bien la leyeron… y decidieron que todo aquello carecía de importancia. Y cualquiera de las dos opciones resulta inquietante.
Conviene recordar , aunque hoy parezca de mal gusto recordar ciertas cosas , que Vasconia no fue una obra menor ni una extravagancia literaria de juventud.
 Fue, sencillamente, una de las biblias doctrinales del MLNV en su construcción ideológica contra el nacionalismo histórico representado por EAJ-PNV.
 Un texto concebido no para complementar al nacionalismo vasco tradicional, sino para sustituirlo, desacreditarlo y, en último término, destruirlo políticamente.
Muchos militantes nacionalistas de generaciones anteriores sí leyeron a Krutwig. Precisamente por cultura política. Porque para combatir una idea conviene conocerla. Algo bastante más serio que la actual costumbre de convertir cualquier figura polémica en una estampita cultural desprovista de contexto.
Y conviene leerlo literalmente.
Sobre los dirigentes del PNV escribía:
“Los monomaniáticos dirigentes llegaron a ser una gran traba para la obtención de la libertad nacional”.
No parecía precisamente un matiz táctico.
Más adelante definía al partido como:
“El degenerado Partido Nacionalista Vasco (que ya no merecía llevarse en adelante este nombre)”.
La delicadeza nunca fue el fuerte del gran teórico revolucionario.
Respecto al Gobierno Vasco en el exilio, Krutwig alcanzaba cotas de afecto memorables:
“Un cadáver maloliente, un ente putrefacto, que no tenía ningún valor real para la idea nacional vasca y solamente sirve para ofuscar al pueblo ingenuo”.
Difícil encontrar una felicitación institucional más cálida.
Pero donde el autor descargaba toda su artillería era contra José Antonio Aguirre, probablemente la figura más querida y simbólica del nacionalismo vasco democrático. Krutwig no solo le criticaba: trataba de destruir su legitimidad moral y política equiparándolo, con una frivolidad histórica descomunal, a los cultos totalitarios europeos:
“Los seguidores del Sr. Aguirre, siguiendo las tendencias de la época, con su culto a la personalidad, crearon el mito del Koxe-Antonio, como los rusos el mito del padrecito Stalin, los nazis el del Führer, los fascistas el del Duce…”
Y por si quedaban dudas sobre el nivel del aprecio, añadía referencias a:
“la poca visión de un político de poca categoría como José Antonio Aguirre”.
O incluso:
“la camarilla de ineptos que coreaban alrededor del antiguo jugador de fútbol llamado José Antonio Aguirre”.
Elegancia revolucionaria en estado puro.
Tampoco Jesús María de Leizaola escapó a aquella furia doctrinal. De él llegó a escribir que merecía:
“el fusilamiento de rodillas frente a un paredón”.
Conviene subrayar algo esencial: estas frases no pertenecen a un panfleto adolescente olvidado en un cajón. Krutwig reeditó Vasconia años después, ya bien entrada la década de los setenta, sin corregir ni retractarse de semejantes afirmaciones. Aquello no fue un desliz. Era pensamiento político plenamente asumido.
Y ahí reside precisamente lo inquietante de todo esto.
Convengamos pues que , una cosa es estudiar históricamente a Krutwig, algo perfectamente legítimo e incluso necesario. Y otra muy distinta es deslizar, poco a poco, una cierta rehabilitación sentimental o estética de quien dedicó buena parte de su obra a dinamitar moralmente el nacionalismo democrático vasco.
Resulta difícil no percibir en ciertos ambientes una extraña fascinación por sustituir lentamente la tradición original del nacionalismo vasco  , humanista, cristiana, democratica , foral y gradualista por los viejos esquemas estructuralistas y marxistas importados en su día como auténticos caballos de Troya ideológicos.
La gran y primigenia artillería ideológica anti - nacionalista de Krutwig al nuevo MLNV , fue previa a la definitiva de Althusser, Marcuse, Sartre, Derrida, Mao ...todo el  tercermundismo revolucionario, la retórica antiinstitucional permanente…y  todo ello presentado ahora como si fuera una sofisticación intelectual inevitable frente al supuesto “anticuado” nacionalismo de Sabino, Aguirre o Leizaola o Irujo .
Y sin embargo, conviene recordar una obviedad histórica: quienes soñaban con liquidar políticamente al PNV jamás ocultaron sus intenciones. Las escribieron negro sobre blanco.
La verdadera pregunta no es qué pensaba Krutwig. Eso está perfectamente documentado.
La pregunta inquietante es por qué algunos parecen haberlo olvidado tan cómodamente.

Pedro Ereña Etxeberria 

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