LA GRAN MENTIRA DE LA «CLAVE VASCA»

Llevamos años denunciando la deriva a ninguna parte del Alderdi. 
Lo hicimos también donde correspondía, se advirtió, y hubo procesos internos. No sirvieron para rectificar nada.
 Hoy, después de ocho años, creo que ya podemos llamar a las cosas por su nombre: la gran mentira ha sido pretender que existía una «clave vasca» detrás de la política de apoyo permanente al Gobierno de Pedro Sánchez.

Una cosa es negociar con un Gobierno para obtener transferencias, infraestructuras o avances concretos para Euzkadi. Otra muy distinta es convertirse en sostén de un proyecto político que poco tiene que ver con las claves históricas del nacionalismo democrático vasco.

¿ Dónde está el balance en educación , sanidad , seguridad , vivienda o PIB vasco ? ¿ Dónde las grandes transferencias ? ¿Dónde está el TAV? ¿ Dónde el enlace por Ezkio para interconectar todos los herrialdes de Ego Euskal Herria ? ¿ Dónde está ese autogobierno que ahora se anuncia que habrá que defender frente a los ataques que puedan venir ? ....
Después de ocho años, parece agotado seguir presentando como estrategia lo que se parece cada vez más a seguidismo , servilismo y dependencia .

Mientras esperábamos la supuesta «clave vasca», el partido JELTZALE , votaba a favor de la eutanasia, del «solo sí es sí», de la Ley Trans, de la Memoria Democrática, de la reforma del aborto, de la reforma del Código Penal sobre sedición y malversación y, finalmente, de la Ley de Amnistía y los decretos Mari Carmen , estos últimos con la secuela de participar en la diputación permanente, con la abstención o votando a favor , colaborando con Sánchez en la conduccion de la democracia al status de democracia defectiva tipo Venezuela. 

Pudiera haberse defendiendo ( previo debate democrático interno , inexistente realmente ) cada una de esas decisiones o haberlas rechazado . Lo difícil es sostener que el subproducto legislativo final , pura excrecencia política , represente , la continuidad de la tradición del nacionalismo democrático.

La incongruencia alcanza también a la corrupción. Durante décadas, el nacionalismo democrático vasco mantuvo una posición exigente frente a la corrupción de los partidos españoles. 
En 2018, el PNV consideró que la sentencia de Gürtel hacía insostenible mantener a Rajoy y facilitó la moción de censura. 
Hoy, ante una sucesión de casos de repercusión internacional , que afectan al entorno del Gobierno y la familia de Sánchez, aquella contundencia parece haberse evaporado.
 No se trata de establecer equivalencias jurídicas entre casos distintos. Se trata de preguntarse dónde quedó el principio.
 Mucho nos tememos , que el verdadero balance de la ultima etapa , haya sido , una enorme pérdida de credibilidad y una erosión de buena parte del capital simbólico acumulado por el PNV durante cinco generaciones. 
Se vivió demasiado tiempo del prestigio construido en el pasado y unos pocos , han arrasado con ese patrimonio histórico , moral y político.
El problema no es solamente lo que lamentablemente se ha votado. Es lo que se ha dejado de representar.

Sánchez ha construido su mayoría sobre la polarización , el sectarismo y el populismo de extrema izquierda , en una dinámica frentista de bloques y EAJ , ha terminado formando parte de uno de ellos .
 Algunos vemos en esta deriva la recuperación, en versión contemporánea, de una tradición frentista que tiene en Largo Caballero uno de sus referentes históricos.
La paradoja es evidente: para impedir que HBildu ocupe el espacio central ( el que se le ha cedido ) de la política vasca , el PNV ha terminado compartiendo en Madrid una lógica política en la que HBildu ( MLNV ) marca la iniciativa . 

 El escenario político español cambiará sustancialmente en las próximas elecciones. En ese nuevo mapa, el partido se va a encontrar sin interlocución alguna . 
La real polítik , consistia también en saber hablar con quien pudiera ser necesario mañana. ¿ Ya no ? .

Mientras tanto, el pronóstico, si nada cambia, no invita precisamente al optimismo. Puede llegar un resultado electoral penoso, de proporciones bíblicas. No solo por los escaños que puedan perderse con la consiguiente perdida de grupo político propio por primera vez desde 1977 , sino por algo mucho más difícil de recuperar: la credibilidad .

Si ocurriera lo que muchos tememos que va a ocurrir , y no quisiéramos , 
 ¿ qué creen que harían los generales de la derrota?
¿ Dimitir ?
¿ O tendríamos que empezar a preguntarnos algo mucho más profundo?...
¿ Deberíamos refundar ya el nacionalismo vasco?

 PEDRO EREÑA ETXEBERRIA 



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